27 junio 2009

Baba Yaga


Baba Yaga es el nombre de una típica bruja muy recurrente en los cuentos rusos. Su descripcion es el de una temible vieja, arrugada y huesuda, con la nariz larga y azul, sus dientes son de hierro para comerse a los niños con facilidad. Vive en una forma muy peculiar en lo profundo del bosque: su cabaña (que tiene vida propia), se levanta sobre dos enormes patas de gallina por lo que puede cambiar de domicilio a placer.
Aunque es un ser cruel y perverso, en ocaciones juega un papel de bruja sabia que ayuda con su magia y/o conocimiento al heroe en su tarea a cumplir. En algunas historias cuenta con hermanas y hasta una sobrina buena y dulce. Para transportarse vuela montada en una cubeta u olla ayudada de una escoba plateada como remo. Y es que aunque es protagoniza de varias historias, en algunas otras es solo un personaje ambiental.
Su extraña atracción la hizo merecedora de un tema orquestal compuesto por Mussorgsky llamado “La cabaña de Baba Yaga” (The Hut of Baba Yaga), e incluso participó en la aventura animada de “Bartok el Magnifico”, pre-secuela del largometraje “Anastasia”, de Don Bluth.

Alekandr Nikoalevich Afanasiev

Vasilisa la Hermosa

En un reino vivía una vez un comerciante con su mujer y su única hija, llamada Vasilisa la Hermosa.
Al cumplir la niña los ocho años se puso enferma su madre, y presintiendo su próxima muerte llamó a Vasilisa, le dio una Muñeca y le dijo:
- Escúchame, hijita mía, y acuérdate bien de mis últimas palabras. Yo me muero y con mi bendición te dejo esta Muñeca - guárdala siempre con cuidado, sin mostrarla a nadie, y cuando te suceda alguna desdicha, pídele consejo.
Después de haber dicho estas palabras, la madre besó a su hija, suspiró y se murió.
El comerciante, al quedarse viudo, se entristeció mucho, pero pasó tiempo, se fue consolando y decidió volver a casarse.
Era un hombre bueno y muchas mujeres lo deseaban por marido, pero entre todas eligió una viuda que tenía dos hijas de la edad de Vasilisa y que en toda la comarca tenía fama de ser buena madre y ama de casa ejemplar.
El comerciante se casó con ella, pero pronto comprendió que se había equivocado, pues no encontró la buena madre que para su hija deseaba.
Vasilisa era la joven más hermosa de la aldea. La madrastra y sus hijas, envidiosas de su belleza, la mortificaban continuamente y le imponían toda clase de trabajos para ajar su hermosura a fuerza de cansancio y para que el aire y el sol quemaran su cutis delicado.
Vasilisa soportaba todo con resignación y cada día crecía su hermosura, mientras que las hijas de la madrastra, a pesar de estar siempre ociosas, se afeaban por la envidia que tenían a su hermana.
La causa de esto no era ni más ni menos que la buena Muñeca, sin la ayuda de la cual Vasilisa nunca hubiera podido cumplir con todas sus obligaciones. La Muñeca la consolaba en sus desdichas, dándole buenos consejos y trabajando con ella.
Así pasaron algunos años y las muchachas llegaron a la edad de casarse.
Todos los jóvenes de la ciudad solicitaban casarse con Vasilisa, sin hacer caso alguno de las hijas de la madrastra.
Ésta, cada vez más enfadada, contestaba a todos:
- No casaré a la menor antes de que se casen las mayores.
Y después de haber despedido a los pretendientes, se vengaba de la pobre Vasilisa con golpes e injurias.
Un día el comerciante tuvo necesidad de hacer un viaje y se marchó.
Entretanto, la madrastra se mudó a una casa que se hallaba cerca de un espeso bosque en el que, según decía la gente, aunque nadie lo había visto, vivía la terrible bruja Baba-Yaga. Nadie osaba acercarse a aquellos lugares, porque Baba-Yaga se comía a los hombres como si fueran pollos.
Después de instaladas en el nuevo alojamiento, la madrastra, con diferentes pretextos, enviaba a Vasilisa al bosque con frecuencia, pero a pesar de todas sus astucias la joven volvía siempre a casa, guiada por la Muñeca, que no permitía que Vasilisa se acercase a la cabaña de la temible bruja.
Llegó el otoño, y un día la madrastra dio a cada una de las tres muchachas una labor - a una le ordenó que hiciese encaje, a otra, que hiciese medias y a Vasilisa le mandó hilar, obligándolas a presentarle cada día una cierta cantidad de trabajo hecho.
Apagó todas las luces de la casa, excepto una vela que dejó encendida en la habitación donde trabajaban sus hijas, y se acostó.
Poco a poco, mientras las muchachas estaban trabajando, se formó en la vela un pabilo, y una de las hijas de la madrastra, con el pretexto de cortarlo, apagó la luz con las tijeras.
- ¿Qué haremos ahora? - dijeron las jóvenes, - no había más luz que ésta en toda la casa y nuestras labores no están aún terminadas, - ¡Habrá que ir en busca de luz a la cabaña de Baba-Yaga!
-Yo tengo luz de mis alfileres - dijo la que hacía el encaje, - no iré yo.
- Tampoco iré yo - añadió la que hacía las medias, - tengo luz de mis agujas.
-¡Tienes que ir tú en busca de luz! - exclamaron ambas, - ¡Anda! ¡Ve a casa de Baba-Yaga!
Y al decir esto echaron a Vasilisa de la habitación.
Vasilisa se dirigió sin luz a su cuarto, puso la cena delante de la Muñeca y le dijo:
- Come, Muñeca mía, y escucha mi desdicha. Me mandan a buscar luz a la cabaña de Baba-Yaga y ésta me comerá. ¡Pobre de mí!
- No tengas miedo - le contestó la Muñeca, - ve donde te manden, pero no te olvides de llevarme contigo, ya sabes que no te abandonaré en ninguna ocasión.
Vasilisa se metió la Muñeca en el bolsillo, se persignó y se fue al bosque.
La pobrecita iba temblando, cuando de repente pasó rápidamente por delante de ella un jinete blanco como la nieve, vestido de blanco, montado en un caballo blanco y con un arnés blanco, en seguida empezó a amanecer.
Siguió su camino y vio pasar otro jinete rojo, vestido de rojo y montado en un corcel rojo, y en seguida empezó a levantarse el sol.
Durante todo el día y toda la noche anduvo Vasilisa, y sólo al atardecer del día siguiente llegó al claro donde se hallaba la cabaña de Baba-Yaga, la cerca que la rodeaba estaba hecha de huesos humanos rematados por calaveras, las puertas eran piernas humanas, los cerrojos, manos, y la cerradura, una boca con dientes. Vasilisa se llenó de espanto.
De pronto apareció un jinete todo negro, vestido de negro y montando un caballo negro, que al aproximarse a las puertas de la cabaña de Baba-Yaga desapareció como si se lo hubiese tragado la tierra... En seguida se hizo de noche.
No duró mucho la oscuridad: de las cuencas de los ojos de todas las calaveras salió una luz que alumbró el claro del bosque como si fuese de día. Vasilisa temblaba de miedo y no sabiendo dónde esconderse, permanecía quieta.
De pronto se oyó un tremendo alboroto: los árboles crujían, las hojas secas estallaban y la espantosa bruja Baba-Yaga apareció saliendo del bosque, sentada en su mortero, arreando con el mazo y barriendo sus huellas con la escoba.
Se acercó a la puerta, se paró, y husmeando el aire, gritó:
- ¡Huele a carne humana! ¿Quién está ahí?
Vasilisa se acercó a la vieja, la saludó con mucho respeto y le dijo:
- Soy yo, abuelita. Las hijas de mi madrastra me han mandado que venga a pedirte luz.
- Bueno - contestó la bruja, - las conozco bien, quédate en mi casa y si me sirves a mi gusto te daré la luz.
Luego, dirigiéndose a las puertas, exclamó:
- ¡Ea! Mis fuertes cerrojos, ¡ábranse! ¡Ea! Mis anchas puertas, ¡déjenme pasar!
Las puertas se abrieron y Baba-Yaga entró silbando, acompañada de Vasilisa, y las puertas se volvieron a cerrar solas.
Una vez dentro de la cabaña, la bruja se echó en un banco y dijo:
- ¡Quiero cenar! ¡Sirve toda la comida que está en el horno!
Vasilisa encendió una tea acercándola a una calavera, y se puso a sacar la comida del horno y a servírsela a Baba-Yaga...
La comida era tan abundante que habría podido satisfacer el hambre de diez hombres. Después trajo de la bodega vinos, cerveza, aguardiente y otras bebidas. Todo se lo comió y se lo bebió la bruja, y a Vasilisa le dejó tan sólo un poquitín de sopa de coles y una cortecita de pan.
Se preparó para acostarse y dijo a la nueva doncella:
- Mañana tempranito, después que me marche, tienes que barrer el patio, limpiar la cabaña, preparar la comida y lavar la ropa. Luego tomarás del granero un celemín de trigo y lo expurgarás del maíz que tiene mezclado. Procura hacerlo todo, porque si no te comeré a ti.
Después de esto, Baba-Yaga se puso a roncar, mientras que Vasilisa, poniendo ante la Muñeca las sobras de la comida y vertiendo amargas lágrimas, dijo:
- Toma, Muñeca mía, come y escúchame. ¡Qué desgraciada soy! La bruja me ha encargado que haga un trabajo para el que harían falta cuatro personas y me amenazó con comerme si no lo hago todo.
La Muñeca contestó:
- No temas nada, Vasilisa, come, y después de rezar, acuéstate, mañana arreglaremos todo.
Al día siguiente se despertó Vasilisa muy tempranito, miró por la ventana y vio que se apagaban ya los ojos de las calaveras. Vio pasar y desaparecer al jinete blanco, y en seguida amaneció.
Baba-Yaga salió al patio, silbó, y ante ella apareció el mortero con el mazo y la escoba. Pasó a todo galope el jinete rojo, e inmediatamente salió el sol. La bruja se sentó en el mortero y salió del patio arreando con el mazo y barriendo con la escoba.
Vasilisa se quedó sola, recorrió la cabaña, se admiró al ver las riquezas que allí había y se quedó indecisa sin saber por cuál trabajo empezar. Miró a su alrededor y vio que de pronto todo el trabajo aparecía hecho... La Muñeca estaba separando los últimos granos de trigo de los de maíz.
- ¡Oh mi salvadora! - exclamó Basilisa, - me has librado de ser comida por Baba-Yaga.
- No te queda más que preparar la comida, - le contestó la Muñeca al mismo tiempo que se metía en el bolsillo de Basilisa, - prepárala y descansa luego de tu labor.
Al anochecer, Vasilisa puso la mesa, esperando la llegada de Baba-Yaga.
Ya anochecía cuando pasó rápidamente el jinete negro, e inmediatamente obscureció por completo. Sólo lucieron los ojos de las calaveras. Luego crujieron los árboles, estallaron las hojas y apareció Baba-Yaga, que fue recibida por Vasilisa.
- ¿Está todo hecho? - preguntó la bruja.
- Examínalo todo tú misma, abuelita.
Baba-Yaga recorrió toda la casa y se puso de mal humor por no encontrar un solo motivo para regañar a Vasilisa.
- Bien - dijo al fin, y se sentó a la mesa y luego exclamó - ¡Mis fieles servidores, vengan a moler mi trigo!
En seguida se presentaron tres pares de manos, cogieron el trigo y desaparecieron.
Baba-Yaga, después de comer hasta saciarse, se acostó y ordenó a Vasilisa:
- Mañana harás lo mismo que hoy, y además tomarás del granero un montón de semillas de adormidera y las escogerás una a una para separar los granos de tierra.
Y dada esta orden se volvió del otro lado y se puso a roncar, mientras Vasilisa pedía consejo a la Muñeca.
Ésta repitió la misma contestación de la víspera:
- Acuéstate tranquila después de haber rezado. Por la mañana se es más sabio que por la noche, ya veremos cómo lo hacemos todo.
Por la mañana la bruja se marchó otra vez, y la muchacha, ayudada por su Muñeca, cumplió todas sus obligaciones.
Al anochecer volvió Baba-Yaga a casa, visitó todo y exclamó:
- ¡Mis fieles servidores, mis queridos amigos, vengan a prensar mi simiente de adormidera!
Se presentaron los tres pares de manos, cogieron las semillas de adormidera y se las llevaron. La bruja se sentó a la mesa y se puso a cenar.
- ¿Por qué no me cuentas algo? - preguntó a Vasilisa, que estaba silenciosa - ¿Eres muda?
- Si me lo permites, te preguntaré una cosa.
- Pregunta, pero ten en cuenta que no todas las preguntas redundan en bien del que las hace. Cuanto más sabio se es, se es más viejo.
- Quiero preguntarte, abuelita, lo que he visto mientras caminaba por el bosque. Me adelantó un jinete todo blanco, vestido de blanco y montado sobre un caballo blanco. ¿Quién era?
- Es mi Día Claro - contestó la bruja.
- Más allá me alcanzó otro jinete todo rojo, vestido de rojo y montando un corcel rojo. ¿Quién era éste?
- Es mi Sol Radiante.
- ¿Y el jinete negro que me encontré ya junto a tu puerta?
- Es mi Noche Oscura.
Vasilisa se acordó de los tres pares de manos, pero no quiso preguntar más y se calló.
- ¿Por qué no preguntas más? - dijo Baba-Yaga.
- Esto me basta, me has recordado tú misma, abuelita, que cuanto más sepa seré más vieja.
- Bien - repuso la bruja, - bien haces en preguntar sólo lo que has visto fuera de la cabaña y no en la cabaña misma, pues no me gusta que los demás se enteren de mis asuntos. Y ahora te preguntaré yo también. ¿Cómo consigues cumplir con todas las obligaciones que te impongo?
- La bendición de mi madre me ayuda - contestó la joven.
- ¡Oh lo que has dicho! ¡Vete en seguida, hija bendita! ¡No necesito almas benditas en mi casa! ¡Fuera!
Y expulsó a Vasilisa de la cabaña, la empujó también fuera del patio y luego, tomando de la cerca una calavera con los ojos encendidos, la clavó en la punta de un palo, se la dio a Basilisa y le dijo:
- He aquí la luz para las hijas de tu madrastra. Tómala y llévatela a casa.
La muchacha echó a correr alumbrando su camino con la calavera, que se apagó ella sola al amanecer...
Al fin, a la caída de la tarde del día siguiente llegó a su casa. Se acercó a la puerta y tuvo intención de tirar la calavera pensando que ya no necesitarían luz en casa, pero oyó una voz sorda que salía de aquella boca sin dientes, que decía: «No me tires, llévame contigo».
Miró entonces a la casa de su madrastra, y no viendo brillar luz en ninguna ventana, decidió llevar la calavera consigo.
La acogieron con cariño y le contaron que desde el momento en que se había marchado no tenían luz, no habían podido encender el fuego y las luces que traían de las casas de los vecinos se apagaban apenas entraban en casa.
- Acaso la luz que has traído no se apague - dijo la madrastra.
Trajeron la calavera a la habitación y sus ojos se clavaron en la madrastra y sus dos hijas, quemándolas sin piedad. Intentaban esconderse, pero los ojos ardientes las perseguían por todas partes...
Al amanecer estaban ya las tres completamente abrasadas, sólo Vasilisa permaneció intacta.
Por la mañana la joven enterró la calavera en el bosque, cerró la casa con llave, se dirigió a la ciudad, pidió alojamiento en casa de una pobre anciana y se instaló allí esperando que volviese su padre.
Un día dijo Vasilisa a la anciana:
- Me aburro sin trabajo, abuelita. Cómprame del mejor lino e hilaré, para matar el tiempo.
La anciana compró el lino y la muchacha se puso a hilar. El trabajo avanzaba con rapidez y el hilo salía igualito y finito como un cabello. Pronto tuvo un gran montón, suficiente para ponerse a tejer, pero era imposible encontrar un peine tan fino que sirviese para tejer el hilo de Vasilisa y nadie se comprometía a hacerlo.
La muchacha pidió ayuda a su Muñeca, y ésta en una sola noche le preparó un buen telar.
A fines del invierno el lienzo estaba ya tejido y era tan fino que se hubiera podido enhebrar en una aguja.
En la primavera lo blanquearon, y entonces dijo Basilisa a la anciana:
- Vende el lienzo, abuelita, y guárdate el dinero.
La anciana miró la tela y exclamó:
- No, hijita, ese lienzo, salvo el zar, no puede llevarlo nadie. Lo enseñaré en palacio.
Se dirigió a la residencia del zar y se puso a pasear por delante de las ventanas de palacio.
El zar la vio y le preguntó:
- ¿Qué quieres, viejecita?
- Majestad - contestó ésta, - he traído conmigo una mercancía preciosa que no quiero mostrar a nadie más que a ti.
El zar ordenó que la hiciesen entrar, y al ver el lienzo se quedó admirado.
- ¿Qué quieres por él? - preguntó.
- No tiene precio, padre y señor, te lo he traído como regalo.
El zar le dio las gracias y la colmó de regalos. Empezaron a cortar el lienzo para hacerle al zar unas camisas...
Cortaron la tela, pero no pudieron encontrar lencera que se encargase de coserlas. La buscaron largo tiempo, y al fin el zar llamó a la anciana y le dijo:
- Ya que has sabido hilar y tejer un lienzo tan fino, por fuerza tienes que saber coserme las camisas.
- No soy yo, majestad, quien ha hilado y tejido esta tela, es labor de una hermosa joven que vive conmigo.
- Bien, pues que me cosa ella las camisas.
Volvió la anciana a su casa y contó a Vasilisa lo sucedido y ésta repuso:
- Ya sabía yo que me llamarían para hacer este trabajo.
Se encerró en su habitación y se puso a trabajar.
Cosió sin descanso y pronto tuvo hecha una docena de camisas.
La anciana las llevó a palacio, y mientras tanto Vasilisa se lavó, se peinó, se vistió y se sentó a la ventana esperando lo que sucediera.
Al poco rato vio entrar en la casa a un lacayo del zar, que dirigiéndose a la joven dijo:
- Su Majestad el zar quiere ver a la hábil lencera que le ha cosido las camisas, para recompensarla según merece.
Vasilisa la Hermosa se encaminó a palacio y se presentó al zar. Apenas éste la vio se enamoró perdidamente de ella.
- Hermosa joven - le dijo, - no me separaré de ti, porque serás mi esposa.
Entonces tomó a Vasilisa la Hermosa de la mano, la sentó a su lado y aquel mismo día celebraron la boda.
Cuando volvió el padre de Vasilisa tuvo una gran alegría al conocer la suerte de su hija y se fue a vivir con ella.
En cuanto a la anciana, la joven zarina la acogió también en su palacio y a la Muñeca la guardó consigo hasta los últimos días de su vida, que fue toda ella muy feliz.

***

En las skazki, las narraciones populares rusas de tema maravilloso, aparecen una serie de personajes sobrenaturales cuyas raíces se hunden en el pasado más remoto del folclore eslavo. El más conocido es la bruja Baba Yaga, ambivalente ogresa del bosque que devora niños y viaja a gran velocidad montada sobre un enorme mortero.
Aparece como un malévolo torbellino salido de lo más profundo del bosque. Precedida por chasquidos de madera seca y una ráfaga de viento tempestuoso, surge de entre los árboles subida a su mortero, impulsándose con la mano del mismo y borrando con una escoba el rastro que deja en la tierra. Puede volar por el aire también, y entonces se asemeja a una nube oscura que amenaza con ocultar la luz del día.
Baba Yaga no resulta muy agraciada. Su aspecto corresponde al de una vieja horriblemente fea, alta y delgada, tanto que en algunos cuentos se la llama “Baba-Yaga pierna huesuda”. El pelo gris le flota enmarañado en torno a la cabeza, su nariz es aguileña y sus dientes largos, afilados y lo suficientemente resistentes como para roer con ellos el tronco de los árboles a los cuales huyen los protagonistas de algunos relatos. Esconderse de ella resulta una empresa difícil debido al magnífico olfato del que disfruta, aunque merece la pena intentarlo, pues de caer en sus garras es probable terminar en el horno de su casa, cocinados y servidos a la mesa de la bruja.
Baba Yaga vive en una construcción de madera, la izbushka (diminutivo de izba, casa tradicional rusa), que se asienta sobre dos grandes patas de gallina y se mueve por voluntad propia. Cuando llegan el héroe o la heroína del cuento, estos suelen encontrarla de espaldas al camino, con la puerta tapada por los árboles. Para poder entrar deberán recitar la fórmula adecuada, que puede consistir simplemente en: “Izbushka, izbushka, da la espalda al bosque y el frente hacia mí”.
A veces la izbushka parece más pequeña por dentro de lo que debería ser según su tamaño exterior, por lo que al mirar a través de la ventana se ve a Baba Yaga constreñida por las paredes de madera, con la cara aplastada contra la ventana y las piernas encogidas, como si el tamaño de la casa no fuese superior al de un ataúd. En otras ocasiones la casa es mucho más grande, y se encuentra dentro de un recinto rodeado por una valla hecha de huesos, festoneada por calaveras, con una puerta enmarcada por piernas esqueléticas cuya cerradura es una boca de dientes afilados.
Según la interpretación comúnmente aceptada, la casa de Baba Yaga se encuentra justo en el límite entre el mundo de los mortales y el de los espíritus, y la bruja es nada menos que la guardiana entre los dos mundos. Por ello los cuentos siempre la sitúan en el lindero de un frondoso bosque, a la orilla del mar, en la entrada de un mundo subterráneo…
En este territorio fronterizo, el poder de Baba Yaga es inmenso: los animales le obedecen; el Día, el Sol y la Noche, personificados como caballeros con armadura están a su servicio; conoce el “agua de la vida” y sabe usarla para curar heridas y devolver la vida; posee incontables objetos mágicos, como, por ejemplo, garrotes que convierte en piedra todo lo que golpean, guslis (instrumentos tradicionales de cuerda) que toca solos o alfombras voladoras.
A Baba Yaga no se le conoce marido o consorte, a pesar de lo cual en algunos cuentos vive junto a sus hijas (hasta 41 según el relato). Estas suelen sufrir de forma indirecta los aviesos planes de su madre y las estratagemas del héroe para evitarlos. Cuando Baba Yaga ordena a su hija que lo meta en el horno, este acaba convenciendo a la muchacha de que entre ella primero y al final a quien se come la bruja es a su propia hija. Si Baba-Yaga ordena a sus sirvientes que maten al protagonista y a sus hermanos mientras duermen en la izbushka, estos cambian antes sus ropas con las hijas de la bruja, por lo cual los sirvientes, confundidos, las matan a ellas.
Baba Yaga es, en general, maléfica y cruel, persigue con tenacidad a los humanos que invaden su territorio y se alimenta de niños, jovencitas y viajeros perdidos. Sin embargo, por extraño que parezca, puede comportarse también de forma positiva, dependiendo del cuanto (y a veces muestras las dos caras en el mismo relato). Entonces ayuda al héroe o a la heroína dándoles ayuda y consejo, les proporciona algún objeto mágico o las indicaciones necesarias para llegar al mundo de los espíritus si así lo necesitan. Para obtener la ayuda de Baba Yaga primero deben demostrarle que no la temen y que saben cómo negociar con ella.

17 mayo 2009

LEONARD COHEN


Leonard Cohen nació en Montreal, Canadá, en 1934, aunque desciende de familia judía. Antes que músico, Leonard Cohen fue poeta y escritor, teniendo una gran importancia en su vida personal y artística la obra de Federico garcía Lorca.A los dieciseis años, Leonard Cohen ingresa en la universidad de McGill, en Montreal, para estudiar Literatura Inglesa, y en el tercer año de carrera, Leonard Cohen abandona el hogar familiar para irse a vivir por su cuenta. Tras acabar la carrera, en 1956 y con 21 años, publica su primer libro de poemas dedicado a su padre. El título del libro es "Let Us to Compare Mythologies" (Vamos a Comparar Mitologías).La carrera musical de Leonard Cohen comienza con la década de los sesenta, cuando, acompañado de su guitarra, comienza a describir los sentimientos humanos, gracias a sus letras y a su característica voz ronca. Su primer éxito le llegó de la mano del tema "Suzanne", interpretado por la voz de Judy Collins.En 1968 Leonard Cohen publica "Songs of Leonard Cohen", seguido en años posteriores por "Songs from a Room" y "Songs of Love and Hate", fueron compuestos y escritos en su totalidad por la hábil pluma de Cohen, ayudado tan solo por su voz y su guitarra. Estos discos tuvieron una gran acogida en ciertos círculos sociales y musicales, ya que las canciones de Cohen, a diferencia de muchos otros artistas folk, se alejaban de la canción protesta, dirigiéndose más hacia el lado existencial, humanista y romántico de la vida.Leonard Cohen es calificado como el músico de la tristeza y la depresión. Su voz, grave y monótona, unida a unas letras que hablan, principalmente, de las relaciones de pareja, la religión o el fascismo irradian tristeza. Pero, por otro lado, también transmiten romanticismo y un cierto toque de cinismo y sarcasmo.En la década de los setenta, Leonard Cohen pasó con más pena que gloria, cosechando algunos fracasos comerciales y creativos en los trabajos que compuso. En la década de los ochenta, Leonard Cohen resurge en cierto modo, con discos como "Various Positions", de 1984 y "I’m your man", en 1988, en los que vemos a un Cohen más maduro y con un estilo un poco más rockero.En 1992 Leonard Cohen publica "The Future", seguido poco después pon un álbum en directo titulado "Leonard Cohen: Live". Tras una peculiar relación con la actriz Rebecca de Mornay, Leonard decide dedicar su vida a la religión Zen, llegando a ser ordenado como monje. Pera tras un largo período de calma en su vida, reaparece en 2001 con un nuevo trabajo de estudio, titulado "Ten New Songs". En 2009, Leonard Cohen publica "Live In London" un recorrido por las grandes canciones que han jalonado los 40 años de carrera del mítico cantante y autor canadiense. El álbum fue grabado en directo en el concierto que ofreció el 17 de julio de 2008 en el O2 Arena de Londres y que significó su regreso a los escenarios después de 15 años sin pisarlos.

26 abril 2009

PRIMAVERA ~ REBUBLICA CHECA ~ BRNO

Esta florecendo la Cereza








Fotos de Oleg Rogalsky ~ abril 2009 ~ Republica Checa, la ciudad Brno.

PASQUA en REPUBLICA CHECA ~ BRNO






















Fotos de Oleg Rogalsky ~ Rebublica Checa, la ciudad Brno ~ abril 2009